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“La danza de la Oscuridad” Texto de Silvia Canarim

La danza de la oscuridad

La presencia del Butoh en la concepción estética de Israel Galván

El Flamenco, así como el Butoh, es un arte de sombras -no en vano el cantaor Manuel Torre identificaba en él sonidos negros. En ambas manifestaciones artísticas, sus intérpretes tienen que ser capaces de sumergirse en su universo interior y traerlo a la superficie de su piel.
 

El final de este estado de cosas, Redux - Israel GalvánEn 2008, durante la XV Bienal de Flamenco de Sevilla, el bailaor y coreógrafo Israel Galván sorprendió al público, una vez más, con el espectáculo El final de este estado de cosas, redux, donde presentó una coreografía muy próxima a la estética del Butoh, una danza contemporánea japonesa. Ya lo había hecho antes en dos versiones diferentes de la misma obra, pero esta vez de forma más depurada y, por esta misma razón, acercándose más al arte oriental.

En la primera escena, el artista aparece sobre un cuadrado de arena –a la manera de los jardines-zen-, con los pies descalzos, llevando solamente una bermuda gris y una máscara. Baila una danza híbrida, entre su manera de interpretar el Flamenco y la concepción estético-filosófica de esta expresión artística nacida en la posguerra.

A principio, es posible pensar que no hay nada más aislado del flamenco que un bailaor inmerso en el territorio de este arte aparentemente distante. De hecho, la imagen del bailaor puede causar extrañeza y perplejidad al espectador, incluso para aquellos que ya conozcan su obra como coreógrafo y estén acostumbrados a sus innovaciones. Pero, si nos detenemos por un instante, podemos encontrar más similitudes entre este intérprete en particular y la disciplina que ahora nos ocupa.

¿Qué semejanzas son éstas que podemos encontrar en estas dos formas de expresión a la primera vista tan distintas? ¿Dónde residen las claves para reconocer estos signos? Tal vez, la respuesta pueda estar en la génesis del arte japonés, en el contexto donde fue gestado. Más que una danza, el Butoh es un movimiento artístico-filosófico que nació a finales de los años cincuenta en un Japón destruido por la II Guerra Mundial. Una época en que la sociedad japonesa buscaba una nueva identidad a medio camino de su tradición cultural y los valores occidentales impuestos tras la conquista de los Estados Unidos.

En esta búsqueda, los artistas implicados tuvieron que mirar hacia sí mismos, hacia sus entrañas y sacar de allí las respuestas –o preguntas- a cerca del nuevo ciudadano japonés, de este nuevo ser que renacía de las cenizas de un país y de un pueblo destrozado física, espiritual y psicológicamente. Tras presenciar aquellos hombres y mujeres con sus cuerpos y sus vidas desfigurados por las bombas, ya no era posible expresar su arte de la misma manera que antes.

El Butoh no tiene una técnica específica, ni se enseña en instituciones formales de danza -aunque hoy en día hay algunos centros que se dedican a cultivarlo utilizando un aprendizaje que no coincide con la enseñanza tradicional de la danza-. En su filosofía original se observan, entre otros aspectos, la no estipulación de reglas y movimientos predeterminados. Por lo tanto, los artistas se dedican a encontrar un camino intermedio entre la investigación corporal y psíquica. En conexión con el pensamiento de la coreógrafa alemana Pina Bausch, el bailarín de Butoh busca su propia manera de moverse. Lo importante no es cómo se mueve, sino lo que mueve al individuo.

Las Sombras del Bailaor    

El Flamenco, así como el Butoh, es un arte de sombras -no en vano el cantaor Manuel Torre identificaba en él sonidos negros.  En ambas manifestaciones artísticas, sus intérpretes tienen que ser capaces de sumergirse en su universo interior y traerlo a la superficie de su piel. En el primer caso, esta característica se presenta de forma espontanea, como resultado de una conexión alcanzada instintivamente y, en el segundo, como ideología primera,  como punto de partida del gesto. En el caso del arte japonés, el propio nombre con el que fue llamado originalmente Ankoku Butoh -Danza de la oscuridad- ya evoca esta particularidad. En su estudioLa experiencia del cuerpo en la danza butoh, las investigadoras Tibúrcio y Nóbrega ponen de relieve lo que llaman de una gestualidad hacia la oscuridad presente en este arte.

Es final de este estado de cosas, Redux - Israel Galván

Al hilo de estas observaciones, es interesante percibir como identifican al bailaor con las sombras y con la oscuridad: en su libro Le danser de solitudes (El bailaor de soledades, 2008), el filósofo francés George Didi-Huberman reflexiona sobre las figuras de Israel Galván y el torero Juan Belmonte: “La rareza común a Galván y a Belmonte quizá resida en su relación con la noche, la sombra, la oscuridad”.

Para la jornada de cine y danza y ciclo de conferencias dedicadas a Israel Galván presentado en la Universidad Complutense de Madrid en 2008, el título elegido fue Bailar las Sombras. En el texto de presentación de este evento, el profesor Miguel Ángel García Hernández afirma: “su baile es siempre una digestión de sombras”, en una alusión a la “metabolización” de figuras como Vicente Escudero y Nijinsky llevada a cabo por el coreógrafo.

Seguramente, la densidad y la tensión dramática de su baile, la temática de sus espectáculos, entre otras características manifestadas en toda la concepción estética del bailaor, contribuyen para este paralelismo.

Israel Galván es un artista que, instintivamente, ha asimilado esta y otras confluencias entre las dos expresiones artísticas y las ha llevado a su terreno. Por ejemplo, el minimalismo y la ambigüedad son conceptos que pueden ser distinguidos a lo largo de sus creaciones. Como él propio afirma: “siempre he tenido, antes de conocer el Butoh, una lucha de ¿por qué hago tantos pasos? Entonces pensaba: voy a explicar más con poco. (…) De cierto modo, yo veo en Kubrick mucho Butoh. En 2001, todo va muy lento, es como un baile”.

Al analizar la obra de Galván, identificamos que la incorporación de la danza Butoh a fin de expresar su visión del Apocalipsis en el espectáculo El final de este estado de cosas, redux ha sido un proceso de evolución natural a nivel conceptual. Su elección no resulta únicamente del hecho de que ésta sea una danza que tiene elementos muy potentes en términos expresivos. Tampoco porque es un arte que, ante todo, hace una reflexión sobre la vida y la muerte en diversos niveles. Planteamos que el bailaor, tras sus investigaciones coreográficas y su capacidad de reflexionar acerca de su condición existencial, ya prenunciaba este encuentro en sus obras anteriores.

En este sentido, el bailaor describe una trayectoria progresiva desde sus primeras creaciones hasta alcanzar la cumbre en el último espectáculo. Los elementos del Butoh que estaban presentes de manera latente en sus obras anteriores, emergen finalmente y son presentados de manera radical. Ya no hay zapatos de flamenco, tablado o ropa de bailaor. Estos elementos son sustituidos por la estética primigenia del arte japonés. Sin embargo, el baile de Israel Galván no pierde su identidad flamenca ya que ésta es inherente a su energía y a su identidad corporal y gestual.

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Fonte: http://www.flamenco-y-contemporaneidad.com/2012/09/la-danza-de-la-oscuridad/

Sobre a autora: Bailarina, coreógrafa y profesora de danza flamenca em Porto Alegre, Brasil. Actua también como periodista especialista en danza. Es doctoranda en Flamenco por la Universidad de Sevilla y desarrolla su tesis sobre Israel Galván y el flamenco contemporáneo.

Israel Galván, você é o cara.

Ah Galván…vc é o cara.

Não me lembro bem quando conheci o trabalho do Galván,  acho que foi em 2006 ou 2007,  na época eu estava fissurado pelo bailaor Vicente Escudero (logo posto algo sobre ele…)e o Galván surgia como alguém fortemente influenciado pelo Escudero, um seguidor do trabalho dele. Eu estava atrás de um livro do Escudero intitulado “Mi Baile” e não tive dúvidas, escrevi para a produtora do Galván para saber se eles possuíam o livro,  disseram que não mas foram simpáticos e me mandaram uns dois textos por e-mail… desde então não parei de acompanhar o trabalho do Galván.

Em 2008 para minha alegria ele veio para o Brasil apresentar um trabalho solo na Bienal de Arte de São Paulo, era solo mesmo, não tinha cantor, não tinha músico, não tinha trilha sonora, era só ele e o palco, ele e o sapateado cabuloso dele, ele e a movimentação que só ele tem, 40 minutos de dança e de presença. Quando soube que ele viria, pirei, la fomos nós (Eu e a Marcela) pra São Paulo…

A apresentação foi um show! Era um espaço alternativo, tipo um galpão, uma disposição meio de arena, sentamos ali pertinho e já tratei de ligar meu gravador, pois é,  num esquema meio pirata gravei o áudio, pena que acabei perdendo esse áudio…Não achei nenhum vídeo do espetáculo mesmo, mas vou por um vídeo aqui de uma outra apresentação bem parecida para vocês terem uma ideia de como foi:

Terminado o espetáculo,  galera foi saindo e nós ali,  eu já tinha me ligado que o camarim dele era no fundo do galpão, uma barraca meio improvisada,  falei pra Marcela, vamos esperar e tirar uma foto com ele?! Nunca fui muito de tietar artista mas o Galván é o cara…rs, lá fomos nós,  ele poderia sair por dois caminhos, cada um ficou num caminho e ficamos ali uma meia-hora esperando até que ele apareceu! Primeiro olhou com uma cara meio “quem são esses dois malucos fazendo tocaia no corredor?”, mas logo sorriu e foi muito simpático, tirou a foto de boa, conversamos um pouco e nós fomos embora ainda mais fãs do Galván…

S7302197

(Contínua)